lunes, 30 de marzo de 2009

¿DÓNDE ESTA EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL?

Llamar a un movimiento estudiantil como en los años 60´s e inicio de los años 70’s es muy complicado hoy en día, cada vez más la educación en México se llena de escuelas privadas y la educación pública deja de serlo por las cuotas que se deben de pagar.
Un estudiante en los años 60’s aprendía desde su educación básica el amor a su escuela, el amor a su país y sobre todo aprendía que ser estudiante era motivo para tener una buena formación de un ciudadano digno y de tener una mejor preparación para un futuro lleno de aspiraciones. Hoy en día las cosas han cambiado por diferentes motivos, ya sea por la preocupación social o económica o por el simple hecho de que la educación en México está por los suelos.
Un estudiante hoy en día aprende poco en su educación básica, para ellos llegar al antro ya es un logro. No solo es triste ver estudiantes conformistas, también Directivos corruptos con sueldos descomunales que no apoyan a maestro trabajador, Directivos que solo se “rascan la panza, en busca de un hueso de sus superiores”.
El movimiento estudiantil culmino en 1971, desde esa fecha los estudiantes les dimos la espalda al pueblo mexicano, cabe señalar que no se necesita un movimiento estudiantil violento, se necesita más que nada un movimiento estudiantil organizado, que proponga, que se dé a escuchar, que el gobierno sepa que los estudiantes también podemos tomar decisiones, que nuestras ideas se escuchen y se debatan en la cámara de diputados.
No se necesita ser de la UNAM o el Poli para iniciar un movimiento como el de los años 60’s, se necesitan “huevos” y organización, ya no es como antes es cierto, pero el movimiento estudiantil es una muestra de lo que los jóvenes pueden llegar a hacer con organización
Pedro Armando García Molina

domingo, 1 de marzo de 2009

POR DESGRACIA, CONFORMISMO

México es hoy un presente nunca antes visto. Cada vez más fracasos, más corrupción, más delincuencia, más violencia, más “narcos” y menos educación y, por desgracia, cada vez es este panorama más "normal” para muchos.

No critico a los mexicanos que ven “normal” la situación actual. La gran mayoría de ellos me ha dicho algo así como: “Que hago si a duras penas tengo para comer, no me puedo preocupar por eso con el estómago vacio”, situación muy comprensible, sin embargo, en mi opinión, aunque falta exigencia por parte nuestra, también creo y es obvio, que las medidas del gobierno espurio no son las más adecuadas.

Lo de la exigencia lo podemos ver en el fútbol, como me dicen muchos amigos a los que no les gusta éste: “Deberías de exigir una mejor selección, cómo es posible que me digas que vas a ir a ver perder a México contra Estados Unidos”.

Tanto las instituciones como el gobierno, son los ganadores de este conformismo. Como ya lo dije antes, no lo criticaré pero si hago un llamado para que abramos los ojos y le pongamos un poco de atención al abuso que estos ganadores hacen con nosotros. Empezando con las instituciones de salud en donde cada vez cobran más cuotas por curar a un enfermo cuando sus servicios deberían de ser gratuitos, ni que decir del IFE: quedó mal con todos, primero con Televisa al querer multarlos, después fue balconeado y quedó mal con el pueblo, ya que estos querían aumentarse sus salarios en un 38%, lejos del 2% que aumentó el gobierno federal al salario mínimo.

El gobierno no se queda atrás con el FOBAPROA y las AFORES, el aumento en las gasolinas, los ya insoportables impuestos, la guerra contra los rivales de Calderón (la guerra contra el narcotráfico), etc.

De ahí vienen los abusos religiosos, mientras que las conmemoraciones como la Independencia o la Revolución, en las que casi nunca se respeta su día, ya que siempre es un lunes, la semana santa siguen siendo jueves, viernes y sábado, ¿Cuándo veremos esa “celebración” los lunes?

Ya para terminar, tenemos los abusos de Televisa, eso de hacer telenovelas para idiotas, noticieros para alumnos de “Tercer Grado” y querer que seamos Socios Águilas, no sólo es un abuso, es un insulto.

Pedro Armando García Molina
intocable_pedro@hotmail.com

GLOBALIZACIÓN: DE AMERICANIZACIÓN Y MEXICANIZACIÓN

Intento en las presentes líneas, esbozar sobre el tan extenso y complejo tema de la globalización. Definitivamente habrá mucho más por desarrollar y replantear, pero debido a la estrechez de tiempo y espacio, me veré obligada a simplemente dar una pequeña generalización sobre este ineludible fenómeno.

La globalización, desde su surgimiento, ha sido analizada, estudiada e interpretada por diversas posturas. Evocaré a los escépticos, quienes afirman que el funcionamiento de la economía es la misma que la de hace unas cuántas décadas y que es, la globalización, sólo un término que ha venido cobrando y recobrando fuerza, sin embargo, se limita a ser sólo eso, un término, un concepto inerte: mera palabrería; y a los radicales, que afirman que la globalización es tan real como lo es la visibilidad de sus consecuencias por doquier.

Ambos bloques circunscriben este fenómeno a la economía, relegando a la política, cuando la globalización es, precisamente, precursora del viraje que ésta ha dado, en particular, del paulatino desvanecimiento del Estado y la no intromisión de éste en el mercado y, la dificultad, casi imposibilidad, de los líderes políticos de intervenir en los conflictos decisivos que les entrañen. Sería preciso citar al escritor japonés Kenichi Ohmae al calificar a los Estados como meras “ficciones”; la tecnología, mientras a finales de los ochentas, los medios de comunicación, en particular la televisión, han construido un oligopolio que imposibilita la competencia, generando estatismo, hegemonía y desigualdad, desmantelando las fronteras nacionales y recreando la tesis de que, “todos vivimos ahora en un mismo mundo”; y la cultura, no ha sido ésta exenta de la globalización, pues no sería descabellado afirmar que con la emancipación de las naciones y la libertad de expresión, se ha dado mayor apertura a las minorías y se ha creado y recreado la diversidad y pluralidad de ideologías, para ser más explícitos, los distintos arquetipos de familia que hoy día son aceptados por las mayorías, el movimiento gay, la igualdad de género, etcétera.

Es la globalización una paradoja. Homogeneiza si y solo sí heterogeneiza, impulsa la igualdad al mismo tiempo que a su contrario, fomenta empleos revocándolos, unifica y fragmenta: formando élites, aislando, dividiendo, acentuando además, el egoísmo, la violencia, el terrorismo, bandalismo, etc.

La vería destrozando culturas locales, ampliando las desigualdades mundiales y empeorando la suerte de los marginados. La globalización, razonan algunos, crea un mundo de ganadores y perdedores, unos pocos en el camino rápido hacia la prosperidad, la mayoría condenada a una vida de miseria y desesperación[1].

Es insoslayable referir que, la globalización, obedece al modo de vida de Estados Unidos. No sería entonces un error, hablar de una posible americanización del mundo y/o de México.

La americanización, para bien o para mal, es privativa de las familias de clase media-alta para arriba, pues los más pobres, que son la mayoría, se ven fincados a llevar un modo de vida estadounidense.

Pero, ¿A qué nos referimos cuando hablamos de una posible americanización?
El economista francés, Thierry Baudassé, en una de sus tésis que recopila Samuel Schmidt en México Visto Desde Lejos, hace alusión, justamente, a la americanización, con la diferencia que el indicador para éste, es el idioma y por tanto, estaríamos hablando de una mexicanización de Estados Unidos, pues definitivamente, la emigración en México ha venido en aumento a partir de 1994 y aquel vecino país, se puebla cada vez más de hispanohablantes, por tanto esa “americanización” resulta ser un mito y es ésta la distancia entre la representación fantasmática que uno tiene de un país y su realidad objetiva.

Hay una estrecha relación entre la mexicanización de Estados Unidos a la que refiere Thierry Baudassé con la Producción en Serie de Refugiados de Zygmunt Bauman, pues no habría tal fenómeno de no ser que la globalización, eroga de los países recién llegados a la modernidad, a su excedente poblacional, es decir, al “desperdicio”, hacia los Estados Unidos.

A decir verdad, la globalización forma parte crucial de las vidas humanas. Gracias a ella tenemos muchas más facilidades y oportunidades y sería hoy realmente minucioso, concebir un mundo fuera de ésta.

[…] concluye que el mundo era un lugar sin ley en el que los ricos y los pobres sabían que la razón es del más fuerte, que los grandes y los poderosos pueden eludir y prescindir del derecho internacional (o aquello que decidan denominar con ese nombre) cada vez que ese derecho se les antoja inconveniente, y que la riqueza y el poder no sólo determinan la economía sino también la moralidad y la política del espacio global y, por tanto, todo lo concerniente a las condiciones de vida en el planeta.[2]

Afortunadamente, esto es sólo un boceto y no tengo, quizás el atino o el error, de ser cautiva de los peores trastornos de la globalización, sin embargo, soy testigo de ellos: volteando a las más pobres comunidades de mi Estado, observando a la gente de mi Ciudad que sobrevive de la filantropía, concientizándome de la tremenda explotación por parte de las empresas transnacionales hacia los empleados y escuchando, muy de vez en cuando, esas noticias de África, que me dejan helada y sin palabras.

Con esto no cabe más que reiterar la importancia que tiene la globalización en las condiciones de vida y los estragos que causa en ésta, pues se ha consolidado ya y es hoy un giro propio en nuestras vidas. Es la manera en que vivimos ahora.

[1] GIDDENS, Anthony. “Un Mundo Desbocado”/ Pp. 28
[2] BAUMAN, Zygmunt. “Tiempos Líquidos”/Pp.54
Lidana Montoya Fernández