¿A cuántas contingencias nos enfrentamos diariamente?, ¿Por cuántos anuncios y/o comerciales somos hostigados?, ¿De cuántas realidades somos creadores?
Hay tal infinidad de cuestionamientos que parecen no tener una respuesta única y precisa ante este modelo social que, al parecer, corre, cuando nosotros estamos apenas empezando a caminar.
Al orientar el nosotros, refiero a los jóvenes que, según investigaciones, son aquéllas personas entre los 18 y 25 años de edad que, atraviesan una etapa estratégica en el ser humano, como proceso en el que se supone la formación del criterio y la adquisición de la madurez emocional que permitirá enfrentar las experiencias de la edad adulta.
Esta juventud, más allá de ser etapa o periodo, constituye una cultura. Esto es, un conjunto de conocimientos, valores, actitudes y creencias, que conjuntamente son capaces de organizar y promover cambios significativos en esta esfera social.
Crisis financiera, reforma energética, narcoviolencia, espionaje, sabotaje, narcotráfico de influencias, delincuencia, pobreza, desigualdad. Son sólo algunas de las contrariedades que se debaten en los medios de comunicación y que, hoy día llenan noticieros, periódicos, páginas de Internet y cuanto les es posible, hablando de todo y de nada a la vez. Censura por parte de los medios de comunicación: cine, televisión, prensa escrita, Internet y radio, a las que, en su mayoría, se les anteponen las limitaciones que causan los sistemas políticos y económicos de su País, corrompiendo su función principal, que es, informar a la sociedad de su acontecer diario bajo los principios de Veracidad, Objetividad y Oportunidad.
Esto sin contar con las estrellas del espectáculo. Lindsay Lohan, Britney Spears, Rihanna, Beyoncé, Fall Out Boy, Maroon 5, entre muchos otros, que hoy día, han caído en el morbo y nos han desviado de lo que nos debería ocupar.
Ralph Lauren, Tous, Tommy Hilfiger, Chanel, Burberry, Lacoste, Levi’s, DKNY, Abercrombie, Puma, Nike, etc., son elementos que por medio de la mercadotecnia detonan valores y colaboran a la formación de esta sociedad privativa de los jóvenes, creando necesidades innecesarias y convirtiéndolos en próximos consumistas inmoderados.
Y así transcurren los días, Excluyendo componentes de igual o mayor importancia que los anteriormente planteados y que, son fundamentales en estos tiempos, pues la juventud atraviesa momentos cruciales, en los que si no se cuenta con las habilidades del pensamiento, como lo son la crítica, reflexión, análisis, abstracción, además de la observación, podríamos caer en una alienación por parte de los medios de comunicación.
El sexo, la drogadicción y el alcoholismo son por otra parte; producto de la mala información. Respecto al primero, no declaro que sea éste un problema; el perjuicio recae en la desinformación e irresponsabilidad con que se lleva a cabo, convirtiéndolo entonces en conflicto. De esta manera, los jóvenes deberíamos tener más información sobre éstos temas y no depender únicamente de lo recibido en clases y/o en familia, ya que éstos elementos pueden estar sujetos a creencias religiosas que, hoy día, no por desacreditar, deberíamos relegar en situaciones tan críticas como ésta. Insisto, la información es fundamental en estos tiempos y es nuestra obligación ser partícipe de ella. La drogadicción, por otra parte, es una problemática que hoy día aqueja a los jóvenes y que, en muchas ocasiones, es resultado de múltiples conflictos emocionales producto del acontecer diario. Conflictos que podrían ser resueltos de otra manera, sin caer en ésto. Sin embargo, como ya lo expuse, la vulnerabilidad es la responsable de la decisión que podamos o no tomar a favor de ella. Lo que respecta al alcoholismo, me rehúso a que jóvenes de tan temprana edad comiencen con este vicio que, si bien es cierto, no es tan concurrido como lo son las drogas, también es cierto que impide la plenitud del joven, ya que provoca disturbios en el cuerpo y además podría éste agraviar las relaciones del ser humano en la sociedad.
A grandes rasgos, son éstos aspectos sólo algunos que distorsionan la tarea que, como jóvenes debemos emprender. Con todo esto, intenté esbozar el contexto en el que nos encontramos, ya que hoy día somos interpelados por múltiples factores externos a nosotros que, desgraciadamente, no están en nuestras manos y que, aunado a la pérdida de valores, están atacando gravemente al sector prometedor, a aquél continuador de esta labor que como ciudadanos comprometidos, debemos impulsar; juventud.
Falta aún mucho por recorrer y tenemos la obligación de, en el lapso, ir construyendo nuevos caminos. Caminos que sean producto de la innovación, del compromiso y de ese espíritu que nos lleva a crear, imaginar y transformar. ¡Estudiemos e informémonos! No he dicho que sea una tarea fácil, sin embargo, me pregunto, ¿Es qué acaso no vale la pena? Por supuesto que la vale. Es nuestra obligación y responsabilidad como ciudadanos, esculpir un nuevo México.
Hay tal infinidad de cuestionamientos que parecen no tener una respuesta única y precisa ante este modelo social que, al parecer, corre, cuando nosotros estamos apenas empezando a caminar.
Al orientar el nosotros, refiero a los jóvenes que, según investigaciones, son aquéllas personas entre los 18 y 25 años de edad que, atraviesan una etapa estratégica en el ser humano, como proceso en el que se supone la formación del criterio y la adquisición de la madurez emocional que permitirá enfrentar las experiencias de la edad adulta.
Esta juventud, más allá de ser etapa o periodo, constituye una cultura. Esto es, un conjunto de conocimientos, valores, actitudes y creencias, que conjuntamente son capaces de organizar y promover cambios significativos en esta esfera social.
Crisis financiera, reforma energética, narcoviolencia, espionaje, sabotaje, narcotráfico de influencias, delincuencia, pobreza, desigualdad. Son sólo algunas de las contrariedades que se debaten en los medios de comunicación y que, hoy día llenan noticieros, periódicos, páginas de Internet y cuanto les es posible, hablando de todo y de nada a la vez. Censura por parte de los medios de comunicación: cine, televisión, prensa escrita, Internet y radio, a las que, en su mayoría, se les anteponen las limitaciones que causan los sistemas políticos y económicos de su País, corrompiendo su función principal, que es, informar a la sociedad de su acontecer diario bajo los principios de Veracidad, Objetividad y Oportunidad.
Esto sin contar con las estrellas del espectáculo. Lindsay Lohan, Britney Spears, Rihanna, Beyoncé, Fall Out Boy, Maroon 5, entre muchos otros, que hoy día, han caído en el morbo y nos han desviado de lo que nos debería ocupar.
Ralph Lauren, Tous, Tommy Hilfiger, Chanel, Burberry, Lacoste, Levi’s, DKNY, Abercrombie, Puma, Nike, etc., son elementos que por medio de la mercadotecnia detonan valores y colaboran a la formación de esta sociedad privativa de los jóvenes, creando necesidades innecesarias y convirtiéndolos en próximos consumistas inmoderados.
Y así transcurren los días, Excluyendo componentes de igual o mayor importancia que los anteriormente planteados y que, son fundamentales en estos tiempos, pues la juventud atraviesa momentos cruciales, en los que si no se cuenta con las habilidades del pensamiento, como lo son la crítica, reflexión, análisis, abstracción, además de la observación, podríamos caer en una alienación por parte de los medios de comunicación.
El sexo, la drogadicción y el alcoholismo son por otra parte; producto de la mala información. Respecto al primero, no declaro que sea éste un problema; el perjuicio recae en la desinformación e irresponsabilidad con que se lleva a cabo, convirtiéndolo entonces en conflicto. De esta manera, los jóvenes deberíamos tener más información sobre éstos temas y no depender únicamente de lo recibido en clases y/o en familia, ya que éstos elementos pueden estar sujetos a creencias religiosas que, hoy día, no por desacreditar, deberíamos relegar en situaciones tan críticas como ésta. Insisto, la información es fundamental en estos tiempos y es nuestra obligación ser partícipe de ella. La drogadicción, por otra parte, es una problemática que hoy día aqueja a los jóvenes y que, en muchas ocasiones, es resultado de múltiples conflictos emocionales producto del acontecer diario. Conflictos que podrían ser resueltos de otra manera, sin caer en ésto. Sin embargo, como ya lo expuse, la vulnerabilidad es la responsable de la decisión que podamos o no tomar a favor de ella. Lo que respecta al alcoholismo, me rehúso a que jóvenes de tan temprana edad comiencen con este vicio que, si bien es cierto, no es tan concurrido como lo son las drogas, también es cierto que impide la plenitud del joven, ya que provoca disturbios en el cuerpo y además podría éste agraviar las relaciones del ser humano en la sociedad.
A grandes rasgos, son éstos aspectos sólo algunos que distorsionan la tarea que, como jóvenes debemos emprender. Con todo esto, intenté esbozar el contexto en el que nos encontramos, ya que hoy día somos interpelados por múltiples factores externos a nosotros que, desgraciadamente, no están en nuestras manos y que, aunado a la pérdida de valores, están atacando gravemente al sector prometedor, a aquél continuador de esta labor que como ciudadanos comprometidos, debemos impulsar; juventud.
Falta aún mucho por recorrer y tenemos la obligación de, en el lapso, ir construyendo nuevos caminos. Caminos que sean producto de la innovación, del compromiso y de ese espíritu que nos lleva a crear, imaginar y transformar. ¡Estudiemos e informémonos! No he dicho que sea una tarea fácil, sin embargo, me pregunto, ¿Es qué acaso no vale la pena? Por supuesto que la vale. Es nuestra obligación y responsabilidad como ciudadanos, esculpir un nuevo México.
Lidana Montoya Fernández
lidanamontoy@hotmail.com