domingo, 28 de diciembre de 2008

MÉXICO, ¿PAÍS DE INSTITUCIONES?

No encuentro las palabras adecuadas que describan el sentir mexicano, es más me atrevería a afirmar que no hay palabras pues no hay sentir, y este no sentir es producto de la crisis que con el paso del tiempo se ha vuelto inherente, ha perdido visibilidad y sobriedad.

De esta forma, no sería sorprendente para el País perder algo más, hoy, su identidad nacional y dentro de ésta sus instituciones. Sin embargo, a pesar de este estire y afloje que las caracteriza, teóricamente, no podemos negar que están hechas para el cuidado de la vida democrática de nuestro país y el fortalecimiento de sus procesos sociales.

Las instituciones, como se viene proponiendo desde el siglo XIX con el teórico francés Émile Durkheim, se entienden como un conjunto de órganos (o partes) interdependientes que forman una estructura social (o un todo). Cualquier alteración de sus elementos puede producir cambios significativos en los demás, teniendo como función la aportación de la parte al todo, siendo así la contribución de un subsistema a la realización del sistema.

Es importante recordar que en México, el surgimiento de las Instituciones se veía venir a partir de la Formación del Nuevo Estado Mexicano, sobre todo en los años que abarcaron “El Maximato”. Son Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil, Pascual Orozco y Abelardo Rodríguez, los autores de México; un País de Instituciones y Leyes.

De antemano declaro mi voto de confianza en las instituciones mexicanas, sin embargo no dejo de reconocer que carecen de eficiencia y transparencia, teniendo, a mi parecer, como principal responsable, la burocracia. Entiéndase este concepto en un sentido coloquial, refiriéndome así a la ineficiencia, pereza y derroche de medios.

Del francés y del griego, Bureau (Escritorio) y Cratos (Poder), “Poder ejercido desde los escritorios”, fue el sociólogo Alemán Max Weber junto con su teoría de la burocracia quienes aportaron un gran avance en el estudio de la administración pública.

Habiendo definido el tema del cual me voy a ocupar no me queda más que hacer una crítica a esta forma tan usual que tenemos los mexicanos, me refiero al hecho de no hacer nada, válgase la redundancia. Este modelo poco a poco se vuelve un círculo implacable que desata de sí una enfermedad y la convierte poco a poco en epidemia, dañando y obstaculizando, hasta convertirse en última y primera instancia en corrupción.

Sin embargo, no sirve ni servirá de nada únicamente la crítica, esto es quejarse y despotricar, al contrario, se arraigaría más en su modelo de hacer política, de “servir”. Por ello pienso que como ciudadanos responsables y preocupados por el hoy y el mañana, debemos intentar buscar las alternativas que, si bien es cierto no van a eliminar del todo este problema si lo disminuirán. Sin duda alguna será un trabajo sumamente difícil, es más, podría pensarse que imposible, pero sé que no es así. Sé que como hombres tenemos la capacidad y el instinto de destruir y deformar pero también tenemos el raciocinio necesario para crear e imaginar.

Lidana Montoya Fernández
lidanamontoy@hotmail.com

1 comentario:

Alberto Islas dijo...

¡Feliz año 2009!
Que este año que inicia sea de prosperidad, felicidad y los retos y propósitos puedan llevarse a cabo.
Me parece interesante la reflexión que llevas a cabo en este escrito, pues es el reflejo de un espíritu comprometido que deberíamos tener todos los jóvenes, y así impulsar el cambio que nuestro país requiere. En tiempos de crisis, nada mejor que las "ganas" y la responsabilidad asumida.
Sin embargo, me gustaría comentar algunas cosas, tratando de re-elaborar algunas ideas que has plasmado.
En primer lugar, aunque tengo la intuición de entender a que te refieres con el término "institución", creo que resultaría conveniente, para todos, explicitar qué se entenderá, en tu escrito, con tal palabra. "Institución", como muchos otros términos del juego político, tienen una carga semántica variable, y son ese tipo de palabras que escuchamos en los discursos, en los mítines y en los programas de noticias. Por tanto, en un discurso académico, como el que ahora presentas, convendría mucho dejar en claro la significación de las instituciones, y en especial, las mexicanas.
(Es cierto que pones la definición de "institución", referida a Durkheim, pero es tan general y, por tanto, imprecisa, que sería conveniente tratar de especificarla un poco más)
Si bien es cierto que con el Maximato empieza lo que denominas "El Nuevo Estado Mexicano" (No era Pascual Orozco, sino Pascual Ortiz Rubio, pues el primero fue un revolucionario mexicano que apoyó el Plan de San Luis de Francisco Ignacio Madero; además, stricto sensu, el Maximato puede sólo completarse con los nombres de Plutarco Elías Calles, su líder; Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez), lo cierto es que las instituciones políticas, jurídicas, administrativas y sociales del país fueron gestándose desde tiempos atrás, pues, por ejmeplo, nuestra Constitución data de 1917, fecha anterior al Maximato. Por lo tanto, y es mi opinión, el Estado Mexicano ha sido el resultado de muchas labores y tareas conjuntas, pues desde Benito Juárez, el mismo Porfirio Días hasta Vicente Fox y Felipe Calderón, siempre se ha buscado, en lo posible, el apego al Estado de Derecho y crear un México lleno de instituciones, leyes y reglamentos. Este afán de institucionalizar y legalizar está unido a la idea, que aparece en Montesquieu, de que "se es libre cuando se respetan las leyes que nos rigen".
Finalmente, comparto tu idea y tu sentir respecto a la burocracia. Me hubiera gustado leer más respecto a ella, pues en el penúltimo párrafo mencionas que has delimitado ya tu tema, lo que tendría que haber ido al inicio, pues inmediatamente, en el párrafo siguiente, concluyes. Aún así, esta burocracia sí es causante de muchos problemas en las "instituciones", ¿pero sólo es ella la causante? ¿No habrá en las mismas instituciones agentes que puedan llevar al fracaso de ellas mismas?
Un saludo cordial.